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    La vida diaria nos lleva a sobrecargarnos de tareas para intentar rendir al máximo y cumplir todas las expectativas del entorno. Siempre ocupadas, siempre organizando (nuestra vida y la de los demás), siempre sanas, guapas y en buen estado. Este nivel de exigencia y estrés, además de causar estragos en el sistema inmunitario; nos lleva a olvidarnos de nosotros mismos, por lo que terminamos fracasando en la tarea más importante de todas: el autocuidado. Cuidarse a uno mismo puede significar cosas como comer sano, asearse y hacer ejercicio. En definitiva, cosas que ‘todo el mundo sabe’ pero que en la vida real cuesta mucho poner en práctica. Por ello esta vez vamos a ir un poco más allá, vamos a entender el autocuidado desde la base, desde sus reglas de oro:

    REGLAS DE ORO DEL AUTOCUIDADO

    1.AUTOCUIDADO ANTES QUE CUIDADO.Para cuidar a los demás, primero hay que cuidarse a uno mismo

    2. AUTOCONOCIMIENTO Para cuidarse hay que concer nuestras necesidades

    3. TIEMPO Y ESPACIO. Para conocerse a uno mismo, necesitamos dedicarnos el tiempo y espacio necesarios.

     

    Siguiendo en la línea de comenzar por el principio, en esta primera parte abordaremos la regla base:

    ‘'DARSE TIEMPO Y ESPACIO PARA ESTAR CON UNO MISMO' 

    Muchas veces nos ponemos en marcha, con la mejor de nuestras intenciones, a hacer tareas que la sociedad y las revistas de moda nos han dicho que son buenas para nuestra autoestima y que nos harán sentir bien. Sin embargo, en raras ocasiones nos hemos parado a pensar cuáles son nuestras necesidades y anhelos más profundos, en qué queremos realmente. Y la razón de esto no es que carezcamos de la capacidad de formularnos estas preguntas. Si no que esa capacidad la tenemos oculta, adormecida por la falta de tiempo. No nos permitimos bajarnos ni un segundo de ese tren al que llamamos vida, repleto de ojalás y deberías, para pararnos a pensar en quienes somos, cómo somos, qué sentimos o qué necesitamos. Por lo que acabamos siendo unas grandes desconocidas para nosotras mismas.

    Dicho esto, el primer paso que propongo no es adentrarte en las profundidades de tu mundo interior. Te propongo algo mucho más simple (no por ello sencillo): darte tiempo. Pero no un tiempo cualquiera, te propongo darte un tiempo de calidad y a solas contigo. Para que puedas disfrutar del placer de tu compañía. ¿CÓMO? Siguiendo estos pasos:

    1. Elige un momento del día. El que tú quieras, en el que te encuentres preferiblemente sola y en un ambiente tranquilo. Si vives con más gente puedes pedir que no te molesten durante 5 min.  Si vives con niños puedes aprovechar cuando duermen o estén bajo el cuidado de otra persona. Con la práctica el lugar será menos importante, ya que podrás aislarte mentalmente del exterior y ser imperturbable.
    2. Ponte cómoda. Si el lugar es tu cama, un jardín o el sofá esto puede ser más fácil. Sin embargo, no importa donde estés, simplemente busca una postura en la que te sientas cómoda y puedas relajar los músculos. A ser posible sentada o tumbada.
    3. Respira. Tómate unos segundos para fijarte en el ritmo y sensación de respiración. No intentes controlarla simplemente fíjate en ella. Si te distraes o te pones a pensar, está bien, simplemente vuelve a redirigir la atención a cómo entra y sale al aire de tu cuerpo, hasta que logres mantener sólo eso en tu mente durante uno o dos minutos.
    4. Relájate y fíjate en tus sensaciones. Con ayuda de un audio de relajación guiada, mindfullnes o música relajante (sin voz), primero ve dirigiendo tu atención a cada parte de tu cuerpo, primero notando las sensaciones y tensiones que hay en cada parte. Segundo, con ayuda de tu respiración, haciéndola cada vez más pesada y profunda, relaja la tensión en cada una de estas partes (sin olvidar zonas de mucha tensión como nuca, mandíbula o entrecejo). Puedes seguir el ciclo de respiración 4-10-8: Toma aire contando 4- mantenlo 10 segundos- súeltalo contando 8. Cuando creas que hayas terminado, y te sientas suficientemente relajada tómate uno o dos minutos para disfrutar de este estado.
    5. Actívate con suavidad. Respetando el ritmo que te marca tu cuerpo ve activando nuevamente los músculos y por último el pensamiento dirigiéndolo hacia el entorno.

    ¿CUANTO? El ejercicio en sí no te llevará más de 5 minutos, aunque puedes alargarlo el tiempo que consideres necesario.

    ¿CON QUÉ FRECUENCIA? Lo ideal es darse este tiempo al menos una vez al día, pudiéndose hacer tantas veces como se quiera. Si un día o varios no puedes hacerlo, no pasa nada. Lo retomas cuando te sea posible. Es importante intentar romper con la autocrítica y juicio constantes.  Simplemente recuerda que momentos tan habituales como un paseo en bus al trabajo, los 5 minutos entre alarma y alarma o una ducha pueden convertirse en un refugio de emergencia idóneo cuando vamos muy justas de tiempo.

    ¿QUÉ LOGRO CON ESTO? Aprender cuidarse a uno mismo es una labor que requiere tiempo para conocerse, respetarse y cubrir las necesidades que surjan de ese autoconocimiento. Con este ejercicio lograremos darnos ese tiempo de calidad, bajaremos revoluciones y poco a poco iremos conectando con ese yo interior que queremos que aprender a cuidar.

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