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  • ‘Los jóvenes de ahora son mimados, desagradecidos, vagos, dependientes y cómodos’.

       Seguro que este tipo de creencias te son familiares. Es posible que hasta tú mismo te hayas sorprendido en alguna ocasión teniendo pensamientos similares. Incluso tú, que eres joven, te habrás encontrado a ti mismo/a en más de una ocasión juzgando a los aún más jóvenes porque ‘yo a su edad no era así’ y ‘esos sí que no tienen ni idea’.

       De forma casi sistemática, a lo largo de la historia, generación tras generación se acusa y hasta culpabiliza a los jóvenes de tener las cosas ‘demasiado fáciles’. De ‘tenerlo todo hecho’. Estas sentencias suelen aderezarse con una mezcla de menosprecio, ligera rabia y hasta tintes de envidia.

       Como consecuencia de haberse criado ‘entre algodones’ estos jóvenes, obviamente, no saben apreciar el valor del esfuerzo ni lo que es el sacrificio. Ellos no tienen PROBLEMAS (así en mayúscula). Y de tenerlos, son nimiedades comparado con ‘los PROBLEMAS de antes’. O por lo menos este es el pensar de muchos.

       Estos juicios despectivos hacia la juventud, llevan ocurriendo desde que los padres son padres y los abuelos, abuelos. Y aunque ‘no estén bien’ ni sean del todo cierto, son normales. Son un mecanismo adaptativo del cerebro humano y una consecuencia natural del desarrollo de nuestra especie: Siempre en busca de más y mejor.

       Por un lado, sesgamos la realidad de forma que nos resulte lo más favorable posible. Nosotros hemos llegado hasta aquí sin estas facilidades, luego nuestro progreso vale más. Y aunque genere mal estar, al cerebro, ser víctima le sale más a cuenta que ser verdugo: Es una posición más pasiva (por lo que consume menos recursos) y nos permite justificar nuestro comportamiento evitando responsabilidades.

       Por otro lado, la especie humana en pleno instinto de supervivencia, ha buscado formas de facilitarse la vida y salvar todas esas carencias fisiológicas que tenemos respecto a las otras especies. Aunque la historia nos muestre que este empeño de querer siempre más y mejor, en ocasiones nos lleve a tener justo menos y peor (guerras, enfermedades, destrucción del entorno…) en líneas generales, desde una perspectiva limitada (la mía) por el propio entorno sociocultural, se puede afirmar que las generaciones nuevas vivien con más comodidades y facilidades que las anteriores (o por lo menos eso se pretende). Por lo tanto, culpar a las nuevas generaciones de aprovechar el progreso logrado, es contradictorio a las ansias de progreso de la propia especie. Además, recordando los sesgos con los que funciona el maravilloso y limitado cerebro humano, sólo se está valorando una parte de la realidad. Menospreciando o ignorando las dificultades propias de legado que le toca vivir a estos nuevos jóvenes.

       Con estos juicios que parecen trasmitirse de padres a hijos, los jóvenes españoles de hoy en día son criticados por no tener ambición, ser conformistas, dependientes, inmaduros, carentes de objetivos y sin intereses… ¿Pero esto es realmente así?

    Mi respuesta es un contundente NO.

       No vamos a negar el hecho de la falta de interés general y desmotivación de algunos jóvenes. Pero ni son la mayoría ni están tan carentes de ambición o intereses como parece.

       Existen jóvenes carentes de ambición, mimados y dependientes. Sí (También adultos). Sin embargo, muchos de estos jóvenes a los que juzgamos por su aparente desidia, simplemente pueden encontrarse abrumados ante las múltiples posibilidades e información contradictoria que ofrece el entorno. Es más, comparada con la información que se manejaba hacía 30 o 40 años, la de la actualidad parece infinita. Y aunque hemos evolucionado bastante en formas, nuestro cerebro y fisiología siguen siendo prácticamente iguales que hace 5000 años.  En otras ocasiones a pesar de tener claras sus metas, les faltan herramientas para establecer bien los objetivos que les permitan llegar a ellas o para manejar situaciones, cayendo en una red de ‘deseo e intenciones poco productivos’.

       Ahora bien, tengo la suerte (desgracia, a veces) de estar rodeada de gente joven. De observarla en diferentes ámbitos y desde diferentes perspectivas: Como profesora, psicóloga, hermana, compañera de entrenamiento/clase, amiga y hasta como propia joven que soy (sí, todavía me considero una de ellos. Que por cierto… ¿cuándo se deja de serlo?). Y tras conocer de cerca a este puñado bastante representativo y heterogéneo de jóvenes, puedo afirmar con bastante seguridad, que las creencias con las que comienza este texto son falsas, o por lo menos no del todo ciertas.

       En todos estos entornos, encuentro jóvenes perdidos y asustados, sí. Pero también jóvenes trabajadores, con ambición, con valores, con objetivos sociales, profesionales y políticos. Todos los días trato con jóvenes que sufren, que lidian con PROBLEMAS. Problemas a los que plantan cara, afrontan y superan. Jóvenes que no son perfectos, que hacen un mundo de la nada, que salen de fiesta y beben, y se drogan, y despilfarran, y discuten. Pero también son jóvenes que estudian, entrenan y trabajan. Cuidan de sus mascotas, quieren y respetan a su familia. Jóvenes que no dudan en sacrificar horas de fiesta y descanso para ir a entrenar o quedarse una noche estudiando o programando una asamblea en su barrio. Jóvenes como en el vídeo, que madrugan para ir a competir y hasta dejan de comer o beber para poder hacerlo.

      En definitiva, jóvenes con ganas, con ambición y dispuestos a luchar si la cosa se tuerce. Y este vídeo sólo es una pequeña (pequeñísima) muestra de todos estos jóvenes de los que hablo.

    Enlace: w.youtube.com
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